Las
piezas, paletas y jamones de estos animales, para poner de manifiesto todas
las cualidades debidas a la raza, edad, manejo, alimentación, etc.,
necesitan después de sacrificado el animal, un largo y cuidado proceso,
en el que se armonizan la tradición artesanal con modernos medios para
preservar la calidad con todas la garantías sanitarias:
SALAZÓN: Se
caracterizan los productos curados del ibérico por no ser excesivamente
salados. Los días de salazón han de ser los adecuados al peso
fresco de cada pieza (aproximadamente 1 día por cada Kg.). Durante
este período, los jamones y paletas permanecen en cámaras, cubiertos
de sal marina, y a temperaturas de 4 a 6º C.
SECADO: En
secaderos naturales de las suaves sierras de Extremadura, estas piezas pierden
agua lentamente durante 8 meses, haciendo posible su conservación.
Actualmente, se dispone de modernas instalaciones que, propician que el proceso,
en su inicio, pueda garantizarse, si el clima resulta adverso.
MADURACIÓN: Finalizado
el secado y asegurada su conservación, la pieza completa el ciclo con
un proceso de maduración en bodegas naturales, durante el cual suceden
en el producto una serie de sutiles cambios enzimáticos y bioquímicos
que, al cabo de, al menos, 12 meses para las paletas y 18 para los jamones,
dan lugar a las excelentes cualidades de aroma, sabor y textura que hacen
de los productos curados del cerdo ibérico uno de los mayores exponentes
de la gastronomía mundial.
